Guía rápida para entender y usar criptomonedas

Guía rápida para entender y usar criptomonedas

Guía rápida para entender y usar criptomonedas

Hablar de criptomonedas hace unos años era reservar la conversación a un círculo muy concreto de entusiastas que dominaban la jerga, los protocolos y los foros, y a la mayoría se le quedaba cara de no entender nada en cuanto aparecían palabras como blockchain, hash o clave privada. Hoy el panorama es completamente distinto: las criptomonedas se han colado en los medios generalistas, en los anuncios de la tele, en los grupos de WhatsApp del trabajo y hasta en las conversaciones familiares de Navidad, y cualquier persona, le interesen o no, ha oído hablar de bitcoin, de ether, de wallets o de exchanges. Lo que pasa es que oír hablar de algo no es lo mismo que entenderlo, y mucha gente está dando los primeros pasos en este mundo sin tener claro qué está haciendo, qué riesgos corre y qué decisiones está tomando con su dinero. Por eso tiene sentido sentarse a explicarlo de manera ordenada, sin tecnicismos innecesarios pero sin renunciar a la precisión, y sobre todo con un enfoque práctico: qué son, cómo funcionan, cómo se usan y a qué hay que prestar atención si una persona normal, sin formación técnica ni económica, quiere meterse en este terreno con un mínimo de seguridad.

➡️ Tabla de contenido
  1. Por dónde empezar para entender realmente qué es una criptomoneda
    1. De dónde sale todo esto y por qué importa el origen
    2. El concepto de wallet y por qué es la pieza más importante
    3. Los exchanges, qué son y cómo elegir uno
    4. Cómo se hace la primera compra paso a paso
    5. La frase semilla y la responsabilidad personal
    6. Las transacciones, las comisiones y por qué a veces son tan caras
    7. Volatilidad: el rasgo que cambia las reglas del juego
    8. Bitcoin, ether y la diferencia entre proyectos serios y experimentos
    9. Stablecoins, una pieza muy útil del puzle
    10. Fiscalidad: lo que en España conviene tener claro
    11. Seguridad práctica y estafas más habituales
    12. Staking, minería y otras formas de generar rendimiento
    13. NFTs, contratos inteligentes y aplicaciones más allá del dinero
    14. Cómo seguir aprendiendo sin caer en los gurús

Por dónde empezar para entender realmente qué es una criptomoneda

Antes de hablar de comprar, vender o invertir, conviene parar un segundo en la idea básica. Una criptomoneda es, en esencia, una unidad digital de valor que se intercambia y se registra a través de internet sin necesidad de un banco o un intermediario central que lleve la cuenta. Esto, dicho así, suena simple, pero esconde una pequeña revolución conceptual. En el sistema financiero tradicional, cuando una persona transfiere dinero a otra, hay un banco que ajusta los saldos de las dos cuentas y certifica que la operación es válida. Con las criptomonedas no hay banco: el registro de quién tiene qué y de qué movimientos se han hecho lo sostiene una red de ordenadores repartidos por el mundo que validan las operaciones siguiendo un protocolo común. Esa red comparte una base de datos llamada blockchain, que en español se traduce a veces como "cadena de bloques" y que es, simplemente, un libro de cuentas digital muy grande, muy seguro y, sobre todo, muy difícil de manipular.

La gracia de la blockchain está en que cada operación se agrupa con otras formando un bloque, y cada bloque va encadenado al anterior mediante una operación matemática que actúa como sello. Si alguien intentara cambiar un movimiento antiguo, ese sello dejaría de cuadrar y el resto de la red detectaría la trampa al instante. A eso se le suma que la base de datos no vive en un servidor central, sino que está copiada simultáneamente en miles de máquinas distintas que están de acuerdo en el estado actual. Para alterar la información, habría que conseguir engañar al mismo tiempo a una parte enorme de esa red, algo que en la práctica resulta extraordinariamente costoso e improbable en las criptomonedas más maduras. Esta combinación de descentralización y verificación matemática es lo que da a las criptomonedas su carácter particular y lo que las diferencia del dinero digital que ya manejas en tu banco online, donde todo depende de la confianza en una entidad concreta.

De dónde sale todo esto y por qué importa el origen

La idea de un dinero digital descentralizado no apareció de la nada. Bitcoin, que fue la primera criptomoneda que funcionó en el mundo real, nació a finales de 2008, en pleno colapso financiero mundial, y se puso en marcha a principios de 2009. La firmaba alguien con el seudónimo de Satoshi Nakamoto, una identidad que nunca se ha confirmado y que sigue siendo uno de los grandes misterios de internet. La motivación que se cuenta en el documento fundacional, conocido como el whitepaper de bitcoin, era ofrecer una alternativa al sistema financiero tradicional, especialmente después de ver cómo grandes entidades habían tenido que ser rescatadas con dinero público y cómo la confianza en los intermediarios había quedado tocada. Esa carga ideológica está en el ADN de bitcoin y, en parte, también en muchas criptomonedas posteriores. Conviene tener presente este origen para entender por qué la comunidad cripto suele insistir tanto en conceptos como la descentralización, la autonomía individual o la resistencia a la censura: no son solo características técnicas, son parte del relato.

Tras bitcoin llegaron decenas, cientos y luego miles de proyectos, cada uno con su propio enfoque. Ethereum, lanzado en 2015, introdujo una idea muy potente: una blockchain en la que no solo se podían enviar pagos, sino también ejecutar programas, llamados contratos inteligentes, que se cumplen automáticamente cuando se dan ciertas condiciones. A partir de ahí se abrió la puerta a aplicaciones financieras descentralizadas, mercados de coleccionables digitales, sistemas de identidad y muchas otras ideas, algunas brillantes y otras claramente fantasiosas. El universo cripto creció rápido, atrajo mucho dinero y, como es lógico, también atrajo a estafadores, oportunistas y a una buena cantidad de proyectos vacíos. Saber moverse en ese ecosistema exige cierta vista crítica desde el primer día.

El concepto de wallet y por qué es la pieza más importante

Si hay un concepto en el mundo cripto que conviene entender bien desde el principio es el de wallet, o monedero. Una wallet no es exactamente un sitio donde tus monedas estén guardadas, como si fuera una hucha. Es, más bien, un par de claves criptográficas que te permiten controlar tus fondos en la blockchain. Una clave pública, que funciona como la dirección a la que otra persona puede enviarte criptomonedas, parecida en cierto modo a un número de cuenta. Y una clave privada, que es la que te da el control real sobre los fondos asociados a esa dirección y que, en la práctica, equivale a tener el dinero. Quien tiene la clave privada, tiene el dinero. Punto. No hay banco al que llamar para recuperar la cuenta, ni servicio de atención al cliente que te resetee la contraseña. Por eso, en cripto, se repite mucho la frase "not your keys, not your coins", que viene a decir que si las claves no las tienes tú, las monedas tampoco son realmente tuyas.

Existen distintos tipos de wallets. Las wallets calientes son aplicaciones que se instalan en el móvil, en el ordenador o en una extensión del navegador, conectadas a internet y muy cómodas para el uso diario, aunque más expuestas a posibles ataques porque están en línea. Las wallets frías son dispositivos físicos parecidos a un pendrive, llamados también hardware wallets, que guardan las claves privadas sin que estén nunca expuestas en internet y que solo se conectan al ordenador cuando hace falta firmar una operación. Para guardar cantidades grandes o a largo plazo, las hardware wallets son la opción recomendada por todo el mundo serio del sector. Existen también las llamadas wallets en papel, una forma anticuada y poco práctica para la mayoría, en la que las claves se imprimen y se guardan físicamente. Y, por último, están los exchanges, plataformas que actúan como custodios y donde, en realidad, las claves no las tienes tú, sino la plataforma. Comprar en un exchange y dejar las monedas allí es lo más cómodo y lo más arriesgado al mismo tiempo, porque si la plataforma cae, si te hackean la cuenta o si bloquean retiradas, te puedes quedar sin acceso.

Los exchanges, qué son y cómo elegir uno

Un exchange de criptomonedas es una plataforma que actúa como mercado: pone en contacto a quienes quieren comprar y vender, gestiona el orden de compra y venta, y suele ofrecer servicios adicionales como custodia, conversiones rápidas, escaleras de niveles para usuarios profesionales o servicios de staking. Los exchanges centralizados son los más conocidos, los gestionan empresas con sede en un país concreto, exigen verificación de identidad y se parecen, en su funcionamiento, a un bróker tradicional. Los exchanges descentralizados, llamados DEX, funcionan directamente sobre una blockchain mediante contratos inteligentes, no piden verificación y dejan al usuario en control total de sus claves, aunque exigen un conocimiento técnico mucho mayor y tienen sus propios riesgos.

A la hora de elegir un exchange, importa varias cosas. Primero, su regulación y su trayectoria: cuanto más tiempo lleve operando sin incidentes graves y cuanto más sólido sea su cumplimiento legal en tu país, mejor. Segundo, sus comisiones, que pueden variar mucho según el volumen, el tipo de operación y la moneda. Tercero, su soporte: la atención al cliente en cripto suele dejar bastante que desear, y tener un canal real para resolver problemas marca la diferencia. Cuarto, sus medidas de seguridad: doble factor de autenticación, listas de direcciones permitidas para retiradas, notificaciones por cualquier movimiento. Y quinto, su catálogo de criptomonedas: no todos ofrecen las mismas, y aunque para empezar bitcoin, ether y un par de stablecoins son suficientes para la mayoría, conviene saber qué admite cada plataforma. La elección de un exchange no es trivial, y abrir cuenta en varios para diversificar y comparar suele ser una buena práctica.

Cómo se hace la primera compra paso a paso

Para una persona que parte de cero, la primera compra de criptomonedas es un proceso que tiene varios pasos y que, si se hace bien, no debería suponer un problema. El primer paso es elegir un exchange con buena reputación y registrar una cuenta. Para esto te pedirán datos personales y una verificación de identidad, conocida como KYC, en la que tendrás que aportar un documento de identidad y, normalmente, un selfie o una pequeña grabación. Es un trámite obligatorio en cualquier exchange regulado y, aunque a algunos les chirría, es la norma. El segundo paso es activar todas las medidas de seguridad posibles: doble factor de autenticación con una aplicación tipo Google Authenticator o Authy, mejor que por SMS, contraseña fuerte y única, y listas blancas de retirada si la plataforma las ofrece.

El tercer paso es ingresar dinero en la cuenta del exchange. Lo más habitual es hacerlo por transferencia bancaria, aunque también suele estar disponible la tarjeta. La transferencia bancaria es más barata en términos de comisión, mientras que la tarjeta es más rápida pero suele tener una comisión bastante más alta. El cuarto paso es la compra en sí. La mayoría de los exchanges ofrecen una pantalla sencilla para principiantes en la que eliges la moneda, indicas el importe y confirmas. Para quien quiera tener más control, suele haber una vista avanzada con el libro de órdenes y la posibilidad de poner órdenes a precio limitado, es decir, comprar solo cuando el precio llegue a un nivel concreto, en lugar de comprar al precio actual.

El quinto paso, y el más olvidado por los principiantes, es decidir qué hacer con las monedas una vez compradas. Dejar las criptomonedas en el exchange es lo más sencillo, pero implica confiar en la plataforma. Si la cantidad es relevante o tu intención es mantenerla a largo plazo, la opción recomendada es retirar los fondos a una wallet propia, ya sea una hardware wallet o una wallet de software de confianza, y guardar a buen recaudo la frase semilla, esa secuencia de doce o veinticuatro palabras que te permite recuperar el acceso a la wallet si pierdes el dispositivo. Esa frase no se guarda en el móvil, ni en la nube, ni en un correo electrónico. Se anota a mano y se guarda en un lugar físico seguro. Si alguien la consigue, tiene tu dinero.

La frase semilla y la responsabilidad personal

Lo de la frase semilla puede parecer una exageración, pero es probablemente el punto más importante de todo este texto. En cripto, la responsabilidad sobre los fondos recae siempre en el propietario. Si pierdes la frase semilla y se rompe tu hardware wallet, no hay manera de recuperar los fondos. Si te roban la frase semilla, no hay un servicio de bloqueo al que llamar para cancelar la operación. Esa libertad que tanto se vende en el mundo cripto tiene un precio, y el precio es la responsabilidad total. Por eso conviene tomarse muy en serio la custodia. Anotar la frase en una hoja de papel, idealmente en varias copias, guardarlas en lugares distintos protegidos del fuego y la humedad, y plantearse incluso soluciones más robustas como las planchas de metal grabadas que aguantan condiciones extremas si la cantidad lo justifica. Y nunca, bajo ningún concepto, introducirla en una página web, enviarla por mensaje o compartirla con alguien que diga ser de soporte. Cualquier persona que te pida la frase semilla está intentando robarte.

Las transacciones, las comisiones y por qué a veces son tan caras

Cuando envías criptomonedas desde una wallet a otra, lo que estás haciendo en realidad es firmar digitalmente una operación con tu clave privada y enviarla a la red, que la valida y la incorpora a la blockchain en un bloque. Por ese servicio de validación se paga una comisión, que en el mundo cripto se llama de varias formas según la red. En bitcoin se conoce como fee y en ethereum como gas. Esa comisión no es fija: depende de lo congestionada que esté la red en ese momento. Cuando hay mucho movimiento, las comisiones suben porque los usuarios compiten por que su operación se procese antes; cuando hay poco movimiento, las comisiones bajan. En épocas de mucha demanda, la comisión por enviar una operación pequeña en ethereum puede ser ridículamente alta, lo que ha sido históricamente una de las grandes críticas a la red.

Las redes han ido respondiendo a este problema con soluciones de capa dos, que son protocolos construidos encima de la blockchain principal y que permiten hacer operaciones más rápidas y baratas, liquidándolas en lotes en la red principal. En bitcoin existe la Lightning Network, pensada para pagos pequeños y rápidos. En ethereum existen soluciones como Arbitrum, Optimism o Polygon, cada una con su enfoque. Saber por qué red estás moviendo tus criptomonedas y a qué red llegan es importante, porque enviar fondos a una dirección de una red incorrecta puede suponer perderlos para siempre. Antes de cualquier transferencia, conviene verificar la red en origen y en destino, hacer una prueba con un importe pequeño y solo después enviar el grueso.

Volatilidad: el rasgo que cambia las reglas del juego

Si hay algo que conviene tener clarísimo antes de poner un euro en criptomonedas es que estos mercados son muy volátiles. Los precios pueden moverse un diez o un veinte por ciento en cuestión de horas, y movimientos del cincuenta por ciento en una semana son perfectamente posibles en cualquier dirección. Esta volatilidad la viven igual los inversores experimentados que el principiante, y cada uno la encaja como puede. Para alguien que se acerca por primera vez, comprar bitcoin o ether el lunes por la mañana y verlo subir un quince por ciento el viernes es emocionante. Comprarlo el lunes por la mañana y verlo bajar un treinta por ciento al cabo de un mes es una experiencia muy distinta y, sinceramente, le ocurre a casi todo el mundo en algún momento.

La volatilidad no es un fallo, es la naturaleza de un mercado todavía joven, con liquidez relativamente baja en comparación con otros activos y muy sensible a noticias, regulaciones y movimientos de grandes operadores. Quien quiera participar tiene que asumir esto desde el principio y, sobre todo, no invertir nunca dinero que no se pueda permitir perder. Esta frase se repite hasta la saciedad en el mundo cripto, pero no se repite gratis: es la base de cualquier participación sensata. Las historias de personas que han metido sus ahorros o que han pedido préstamos para entrar en el mercado en máximos y han perdido casi todo son demasiado comunes como para tomárselo a broma.

Bitcoin, ether y la diferencia entre proyectos serios y experimentos

Dentro del universo de las criptomonedas hay una distinción muy útil entre los proyectos más maduros y consolidados y el resto. Bitcoin es la criptomoneda con más capitalización, más historia, más reconocimiento institucional y más liquidez. Su propuesta es relativamente simple: un dinero digital escaso, descentralizado y resistente a la censura. Ether, la moneda de la red Ethereum, es la segunda gran referencia y su propuesta es servir como combustible para todo un ecosistema de aplicaciones descentralizadas. Estos dos proyectos, aunque también tienen sus riesgos, juegan en una liga distinta a la mayoría de las demás monedas.

A partir de aquí, el ecosistema se ramifica en miles de proyectos. Algunos son experimentos técnicos serios, otros son apuestas más arriesgadas con visiones interesantes, y otros muchos son directamente proyectos vacíos o estafas con buen márketing. Las llamadas memecoins, monedas que nacen como broma o moda y que pueden multiplicar su valor mil veces y desplomarse al día siguiente, son un fenómeno especialmente delicado, porque la mayoría de la gente que entra tarde acaba perdiendo todo. Para alguien que empieza, lo razonable es centrar la atención inicial en los proyectos más sólidos y, si después de un tiempo, formación y experiencia, se quiere explorar más a fondo, hacerlo con dinero pequeño y consciente.

Stablecoins, una pieza muy útil del puzle

Dentro del ecosistema cripto hay un tipo de moneda que conviene conocer especialmente: las stablecoins. Son criptomonedas diseñadas para mantener su valor anclado al de una moneda tradicional, normalmente el dólar. Las más conocidas son USDT y USDC. Su utilidad es enorme porque permiten moverse dentro del ecosistema cripto, recibir pagos o protegerse de la volatilidad sin tener que salir constantemente a euros y volver a entrar, lo que supondría comisiones y, en muchos casos, implicaciones fiscales. Las stablecoins no son todas iguales. Algunas están respaldadas por reservas reales auditadas, otras lo están de manera más opaca, y algunas, las llamadas algorítmicas, intentan mantener su paridad mediante mecanismos de oferta y demanda automatizados que en el pasado han fallado con consecuencias muy serias. Antes de usar una stablecoin como reserva temporal, conviene saber cuál es su modelo y qué respaldo tiene.

Fiscalidad: lo que en España conviene tener claro

En España, las operaciones con criptomonedas tienen implicaciones fiscales que conviene conocer, porque ignorarlas no solo es un error práctico, sino que puede acarrear problemas serios con Hacienda. De forma muy general, y sin sustituir el asesoramiento de un profesional, las ganancias y pérdidas patrimoniales derivadas de la compraventa de criptomonedas tributan en la base del ahorro del IRPF cuando se materializan, es decir, cuando se venden, se intercambian por otra criptomoneda o se utilizan para pagar algo. El simple hecho de mantenerlas no genera obligación fiscal, pero cualquier operación que suponga una alteración patrimonial sí debe declararse. Hay obligaciones de información específicas, como la declaración de criptomonedas mantenidas en exchanges extranjeros mediante el modelo 721 cuando se superan determinados umbrales, y la inclusión en la declaración de la renta de todas las operaciones realizadas durante el año.

Esto incluye los intercambios de una criptomoneda por otra, que son operaciones gravables aunque no se haya pasado por euros, los rendimientos del staking y de productos similares, que tributan como rendimientos del capital mobiliario o como rendimientos de actividades económicas según el caso, y los airdrops y promociones, que también tienen su tratamiento. La trazabilidad es clave, y los exchanges serios suelen ofrecer informes anuales con el detalle de operaciones, aunque para escenarios más complejos existen herramientas específicas de gestión fiscal cripto. Si tu actividad va a ser frecuente o las cantidades son significativas, hablar con un asesor que entienda el sector ahorra muchos disgustos.

Seguridad práctica y estafas más habituales

El mundo cripto es, por desgracia, un imán para estafadores, y conocer las trampas más habituales es la mejor defensa. El phishing consiste en correos, mensajes o webs que imitan a un exchange, una wallet o un proyecto legítimo y que tratan de que introduzcas tus credenciales o tu frase semilla. La regla es nunca pulsar enlaces en correos relacionados con cripto: entra siempre escribiendo la dirección a mano o desde un marcador guardado. El soporte falso es otra técnica frecuente: alguien se hace pasar por personal de atención al cliente en redes sociales o foros y se ofrece a ayudarte a resolver un problema. Los equipos reales nunca te pedirán tu frase semilla ni tu contraseña, nunca te dirán que instales aplicaciones de control remoto y nunca te urgirán a transferir fondos a una dirección que ellos te indiquen.

Las estafas románticas y los esquemas de inversión piramidal son otro clásico, especialmente extendidos en las redes sociales y en aplicaciones de citas. La estructura es siempre parecida: alguien te contacta, gana tu confianza, te habla de una oportunidad de inversión maravillosa y, al final, acaba dirigiéndote a una plataforma que parece legítima pero que está completamente bajo su control. Al principio puedes incluso retirar pequeñas cantidades para generar confianza, pero cuando ingresas el grueso del dinero, la cuenta se bloquea, te piden comisiones para liberarla y, al final, todo se evapora. La señal de alarma definitiva es la promesa de rentabilidades altas y constantes. En cripto, como en cualquier mercado, no hay rentabilidades garantizadas; quien las promete está mintiendo. Otra estafa muy extendida es la del falso airdrop o sorteo, en el que se promete dar criptomonedas gratis a cambio de que firmes una operación en tu wallet o introduzcas datos. Firmar una operación maliciosa puede vaciarte la wallet en segundos. Por eso conviene entender bien qué autorizaciones estás dando antes de pulsar "firmar" en cualquier aplicación descentralizada.

Staking, minería y otras formas de generar rendimiento

Más allá de comprar y vender, el mundo cripto ofrece formas de obtener rendimiento por tus monedas. La minería, en redes como bitcoin, consiste en aportar capacidad de cómputo a la red para validar transacciones a cambio de una recompensa en moneda. Es una actividad que dejó de ser viable hace mucho para particulares con un ordenador doméstico y que hoy requiere equipos especializados, mucha energía eléctrica y, normalmente, integrarse en grandes pools. Para una persona normal, minar bitcoin no tiene sentido económico.

El staking, en cambio, sí es accesible para usuarios particulares en redes que utilizan el mecanismo de prueba de participación, como ethereum y muchas otras. Consiste en bloquear cierta cantidad de criptomoneda en la red para participar en la validación de operaciones, y a cambio se recibe una recompensa periódica. Hay distintas modalidades, desde el staking directo, que requiere conocimientos técnicos y una cantidad mínima alta, hasta el staking delegado a través de exchanges o servicios especializados, mucho más accesible pero con sus propios riesgos. Estas recompensas suelen ser modestas en términos porcentuales en proyectos serios, y si una plataforma te promete rentabilidades muy por encima de la media, ahí hay siempre algo que vigilar, ya sea un riesgo elevado, una promesa hueca o una estafa.

Existen también productos financieros descentralizados conocidos como DeFi, que ofrecen préstamos, intercambios y diversas formas de generar rendimiento mediante contratos inteligentes. El ecosistema DeFi puede ser fascinante y ha producido innovaciones reales, pero también es un terreno donde abundan los riesgos: errores en contratos inteligentes que dan lugar a pérdidas totales, ataques de mercado, manipulación de precios y desplomes repentinos. Para alguien que empieza, lo prudente es dedicar tiempo a entender bien la tecnología antes de aportar capital a estos protocolos.

NFTs, contratos inteligentes y aplicaciones más allá del dinero

Las criptomonedas son la punta visible de un ecosistema más amplio que incluye los contratos inteligentes y los tokens no fungibles, conocidos como NFTs. Los contratos inteligentes son programas que viven en una blockchain y que se ejecutan automáticamente cuando se cumplen ciertas condiciones, sin necesidad de intermediarios. Sobre esta base se han construido aplicaciones financieras, de juegos, de identidad digital, de gestión de organizaciones descentralizadas y otras propuestas con distinto grado de utilidad real. Los NFTs son tokens que representan algo único, ya sea una obra de arte digital, un coleccionable, una entrada a un evento o un certificado de propiedad. Tuvieron un momento de explosión mediática y luego un fuerte enfriamiento, lo que es normal en un sector tan nuevo. Más allá del ruido del arte digital, los NFTs como tecnología tienen aplicaciones interesantes en autenticación, propiedad y entradas, aunque la mayor parte de los proyectos especulativos que aparecieron en su día han desaparecido.

Cómo seguir aprendiendo sin caer en los gurús

Una vez se han dado los primeros pasos, el problema deja de ser el desconocimiento y empieza a ser el exceso de información. Internet está lleno de personas que se presentan como expertos en cripto y que, en muchos casos, lo que están haciendo es vender un curso, un grupo de pago o promocionar un proyecto del que reciben comisión. Filtrar las fuentes es fundamental. Las webs oficiales de los proyectos, los whitepapers, los blogs técnicos serios y los podcasts de larga trayectoria suelen ser mejores referencias que los influencers que prometen multiplicar tu dinero. Leer en inglés, aunque cueste al principio, da acceso a una cantidad mucho mayor de información de calidad. Y, sobre todo, conviene aprender desconfiando del propio entusiasmo, porque el mayor enemigo del inversor principiante en cripto no es el mercado, es la prisa.

Un buen ejercicio para cualquier persona que esté empezando es practicar primero con cantidades muy pequeñas, hacer compras, ventas, transferencias entre wallets, probar a recibir un pago, anotar la frase semilla, hacer pruebas de restauración de la wallet en otro dispositivo y verificar que todo funciona como se espera, antes de meter cantidades relevantes. Esa fase de aprendizaje práctico, aunque parezca lenta, es la que después marca la diferencia entre alguien que sabe lo que está haciendo y alguien que va a ciegas. Tomarse las primeras semanas o meses como un periodo de práctica antes que como una oportunidad de hacer dinero rápido es probablemente la mejor inversión que se puede hacer en este terreno, y desde luego la única que se puede recomendar con la conciencia tranquila a alguien que llega por primera vez al mundo de las criptomonedas.

 

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